Un análisis vibrante de su pasado en Cuba, su admiración tóxica por la marquesa y los crímenes que la han convertido en la nueva gran villana
En ‘La Promesa’, pocos personajes han evolucionado de forma tan inquietante —y fascinante— como Leocadia de Figueroa. Lo que durante años parecía una simple amistad marcada por la lealtad y la cercanía con la marquesa Cruz Izquierdo, hoy se revela como algo mucho más peligroso: una obsesión profunda, tóxica y completamente desbordada.
La relación entre Leocadia y Cruz no nace en el palacio ni cuando la marquesa ya ostentaba poder. Su vínculo se remonta a la infancia, en Cuba, cuando ambas crecieron juntas, compartieron institutriz y formaron parte del mismo entorno privilegiado. Desde entonces, Leocadia quedó atrapada por el magnetismo de Cruz, por su carisma arrollador, por su capacidad para ser generosa… y al mismo tiempo cruel.

Y ahí está la clave: Leocadia no admiraba a Cruz. La idolatraba.
Cruz Izquierdo: la mujer que todos temían… y que Leocadia veneraba
Mientras otros personajes veían a Cruz como una mujer autoritaria y peligrosa, Leocadia percibía algo distinto: una figura casi mítica dentro de ‘La Promesa’. Una mujer capaz de llenar cualquier estancia, de dominar cualquier situación y de ejercer un poder que, para ella, era sencillamente irresistible.
Esa admiración, lejos de ser sana, se convirtió con los años en una dependencia emocional absoluta. Leocadia fue relegándose a sí misma a un segundo plano en ‘La Promesa’, aceptando un papel silencioso, privado y marginal dentro del círculo social de Cruz, que nunca la reconoció públicamente como una amiga al mismo nivel que otras mujeres de su entorno.
La diferencia es devastadora: mientras Cruz sí llegó a tener amistades reales —como la de María Antonia—, con Leocadia jamás existió una relación equilibrada.
De la devoción al interés social: cuando la obsesión se vuelve ambición
Con el regreso a España y el ascenso social de Cruz, Leocadia descubrió algo todavía más poderoso que su admiración: la oportunidad. Cuando Cruz se convierte en marquesa, Leocadia empieza a ver en ella la puerta de entrada a la nobleza, al estatus y al reconocimiento que nunca consiguió por sí misma. Su obsesión se mezcla entonces con un deseo muy concreto: formar parte del mismo mundo que Cruz, aspirar a un matrimonio de sangre azul y escalar socialmente de su mano.
Pero esa puerta nunca se abrió. Cruz la toleraba. La utilizaba. Y, en el fondo, la despreciaba en ‘La Promesa’.
El crimen que lo cambió todo: Leocadia mata por Cruz
El punto de no retorno en ‘La Promesa’ llega cuando Leocadia comete el acto más extremo posible: asesina a doña Carmen para facilitar el matrimonio entre Cruz y Alonso. No lo hace por dinero. No lo hace por venganza. Lo hace por devoción.
Convencida de que ese sacrificio la acercaría definitivamente a su ídolo, Leocadia espera una recompensa que jamás llega. Cruz no le ofrece protección, ni gratitud, ni un futuro dentro de su círculo. Nada. Ese silencio marca el nacimiento del rencor.
De aliada silenciosa a amenaza real en ‘La Promesa’
La situación en ‘La Promesa’ se agrava con el caso de Dolores y la aparición de Curro dentro de la familia Izquierdo. Esta vez, Leocadia actúa por su cuenta, convencida de que sigue interpretando los deseos de Cruz. Pero el resultado es el contrario: Cruz comprende, por primera vez, que Leocadia no es solo una devota… es una mujer peligrosa. Tanto, que llega a ordenar su muerte.
Ese intento de asesinato termina de fracturar para siempre la mente de Leocadia y convierte su antigua idolatría en una mezcla explosiva de: admiración enfermiza, ambición frustrada y un odio profundo hacia la mujer que marcó toda su vida.

La nueva gran villana de ‘La Promesa’
Hoy, Leocadia ya no actúa en la sombra en ‘La Promesa’. La mujer que comenzó como una figura secundaria se ha transformado en una auténtica antagonista capaz de desestabilizar a todos: Manuel, Alonso, Teresa, Curro… nadie queda fuera de su radio de acción. Además, ya ha cruzado una línea irreversible: el asesinato de Hann, que confirma definitivamente su deriva criminal y su ruptura total con cualquier resto de moralidad . Todo apunta a que estamos ante el nacimiento de una villana sin frenos, una figura destinada a ocupar el vacío que dejó la marquesa Cruz y a elevar el conflicto de la serie a un nuevo nivel.
Conclusión: Leocadia no quiere ser como Cruz… quiere ser Cruz
El verdadero drama de Leocadia no es solo que amara a Cruz. Es que construyó toda su identidad en torno a ella. Imitó su forma de actuar. Justificó sus crímenes. Aceptó su desprecio. Y terminó convirtiéndose en una versión deformada y mucho más inestable de la mujer que siempre admiró.
En ‘La Promesa’, la locura de Leocadia no es un giro repentino de guion. Es la consecuencia inevitable de una obsesión cultivada durante toda una vida. Y ahora que la careta empieza a caer… la serie se prepara para mostrarnos a su villana más peligrosa hasta la fecha.